Corridas de
toros, el arte del engaño
"No hay nada tan patético como una multitud de espectadores
inmóviles presenciando con indiferencia o entusiasmo el enfrentamiento desigual
entre un noble toro y una cuadrilla de matones desequilibrados destrozando a un
animal inocente que no entiende la razón de su dolor... Un baño de sangre anual
de mil millones de euros” .
Crueldad y decepción Las corridas de toros son un espectáculo
bochornoso en tres actos, de unos veinte minutos de duración, que escenifica la
falsa superioridad y la fascinación enfermiza con la sangre y la carne de la
que se alimentan, contra toda lógica ética y dietética, quienes creen tener un
derecho divino a disponer a su antojo de la vida de otros seres sensibles,
llegando incluso a justificar y trivializar la muerte del toro como arte y
diversión; un comportamiento patológico que nace de una incapacidad para
afrontar el dolor de las víctimas y una morbosidad irrefrenable ante la
posibilidad de ser testigo directo de alguna cornada, o de la muerte del
matador; un riesgo fortuito, infrecuente (un torero por cada 40.000 toros
sacrificados), y sobre todo evitable que, sin embargo, incrementa el carácter
macabro de la corrida.

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